Cuentos completos
Cuentos completos —Me llamo Sherlock Holmes, y no he hecho nada en absoluto.
Fue asombroso el efecto que produjo en el sheriff oír este nombre, aunque seguramente ya venía advertido. Siguió hablando con sentimiento, y dijo que constituía un borrón para el país que un hombre cuyas hazañas maravillosas habían llenado el mundo con su fama y su destreza, y cuyos relatos habían ganado el corazón de todos los lectores por el brillo y el encanto de su estilo literario, recibiese bajo la bandera de las franjas y estrellas un ultraje como este. Le pidió disculpas en nombre de toda la nación, hizo a Holmes una inclinación muy elegante y ordenó al oficial Harris que lo acompañase a su habitación, y le hizo responsable personal de que nadie volviese a molestarlo. Se volvió luego hacia la multitud y dijo:
—¡Y vosotros, escoria, a vuestros agujeros! —Eso hicieron. Luego dijo—: Tú, Barriga de Sábalo, sígueme, de ti me cuidaré yo mismo. No, puedes guardar tu revólver de juguete, el día que yo tenga miedo de verte a mis espaldas me habrá llegado la hora de sumarme a los ciento ochenta y dos del año pasado.
Y se alejó al paso, con Barriga de Sábalo detrás.