Cuentos completos
Cuentos completos —¡Maldigo todos los dones de este mundo, por su escarnio y sus mentiras de oropel! Son un engaño, todos ellos. No son dones, sino simples préstamos temporales. Placer, Amor, Fama, Riqueza, no son sino disfraces provisionales de su realidad que sà perdura: Dolor, Aflicción, Vergüenza, Pobreza. El hada decÃa la verdad: solo uno de los dones que tenÃa era valioso, solo uno no es despreciable en absoluto. Qué vacuos, innobles y nocivos sé ahora que son todos los demás en comparación con ese otro inestimable, ese otro querido, dulce y amable, que sume en un dormir perdurable y sin sueños los dolores que atormentan el cuerpo, y las vergüenzas y las aflicciones que corroen la mente y el corazón. ¡Tráemelo! Estoy cansado. Reposaré.
V
Acudió el hada con cuatro de los dones, pero faltaba la Muerte. Dijo asÃ:
—Se lo he entregado a un niñito a quien su madre adoraba. El pobre era ignorante, pero ha confiado en mà y me ha pedido que eligiera por él. Tú no me pediste que eligiera por ti.
—¡Ah, mÃsero de mÃ! ¿Qué me queda, pues?
—Aquello que ni siquiera tú mereces: el absurdo agravio de la Vejez.
1902