Cuentos completos
Cuentos completos Por temperamento —y en sus adentros— las tÃas ancianas eran de lo más cariñosas, adorables y buenas, pero en cuestiones de moral y de conducta su educación habÃa sido tan inexorablemente rigurosa que les habÃa dado una apariencia austera, por no decir dura. Su influencia era patente en aquella casa, tanto que madre e hija se adaptaban a sus exigencias morales y religiosas con alegrÃa, con satisfacción, con buena predisposición, sin cuestionarlas. Actuar de ese modo se habÃa convertido en la segunda naturaleza de ambas. Y asÃ, en ese apacible paraÃso no habÃa conflictos, ni enfados, ni crÃticas, ni malos tragos.