Cuentos completos
Cuentos completos I
Lakeside era un agradable pueblecito de unos cinco o seis mil habitantes, y además bastante hermoso, como acostumbran a serlo en el Lejano Oeste. Sus iglesias podÃan acoger hasta treinta y cinco mil feligreses, como suele suceder en el Lejano Oeste y en el Sur, donde todo el mundo es muy religioso, y donde cada secta protestante está representada y dispone de su propio lugar de culto. Las diferencias sociales eran desconocidas en Lakeside…, al menos, de forma inconfesa; todo el mundo se conocÃa, incluso al perro del vecino, y se respiraba una atmósfera amistosa y sociable.
Saladin Foster trabajaba como contable en la tienda principal del pueblo, y era el mejor retribuido entre todos los de su oficio. Ahora tenÃa treinta y cinco años, y llevaba prestando sus servicios en el mismo comercio desde hacÃa catorce; en la semana de su boda habÃa comenzado cobrando un sueldo anual de cuatrocientos dólares, que habÃa ido aumentando progresivamente en cien dólares durante cuatro años, hasta que al quinto se estancó en ochocientos: una bonita cifra, sin duda, y todos coincidÃan en que Saladin la merecÃa.