Cuentos completos
Cuentos completos Su mujer, Electra, poseía todas las virtudes propias de la esposa perfecta, aunque, al igual que Saladin, era una gran soñadora y muy aficionada a la lectura en privado de novelas. Lo primero que hizo después de casarse, siendo apenas una niña de diecinueve años, fue comprar un acre de terreno a las afueras del pueblo. Lo pagó en efectivo: veinticinco dólares, toda su fortuna. La de Saladin era aún menor: diez dólares. En aquella parcela, Electra plantó un huerto, y cultivó el terreno a medias con un vecino, haciéndole pagar un ciento por ciento anual de usufructo. Gracias al sueldo de su marido, durante el primer año ahorró y depositó treinta dólares en el banco; otros sesenta, el segundo; cien dólares, el tercer año; y ciento cincuenta, el cuarto. Cuando el salario de Saladin llegó a los ochocientos, y a pesar de que los gastos del hogar se habían incrementado por la llegada de dos criaturas, Electra se las había arreglado para seguir ingresando en el banco doscientos dólares anuales. Cuando llevaba casada siete años, hizo construir y acomodar una bonita y confortable casa en su terreno de un acre con huerto, pagó la mitad al contado y se instaló allí con su familia. Siete años más tarde ya había saldado su deuda y aún disponía de varios cientos de dólares que había ido ganando por su cuenta.