Cuentos completos
Cuentos completos —¡Vende, vende! ¡Ah, no vayas a cometer una equivocación ahora, ya eres dueña de la tierra! ¡Vende, vende!
Pero ella se mantuvo firme en sus trece, inamovible como una roca, y dijo que aguantarÃa hasta que subiera cinco puntos más, aunque le fuera la vida en ello.
FatÃdica decisión. A la mañana siguiente se produjo el histórico desplome, el devastador desplome, el colapso financiero en el que Wall Street tocó fondo y todas las bolsas de valores de primer orden cayeron noventa y cinco puntos en cinco horas, y se pudo ver a los grandes multimillonarios mendigando un pedazo de paz en el Bowery. Aleck se mantuvo firme y aguantó todo cuanto pudo, pero al final llegó una llamada que ya le fue imposible rechazar, y sus agentes vendieron. Entonces, y solo entonces, el hombre que habÃa en ella desapareció y volvió a aflorar la mujer. Se abrazó al cuello de su marido y dijo entre sollozos:
—Yo tengo la culpa, y no quiero que me perdones, ¡soy indigna de ello! ¡Estamos en la miseria! Somos pobres, y yo soy una miserable. Esos matrimonios nunca se celebrarán. Todo se ha perdido. Ahora ni siquiera podremos aspirar al dentista.