Cuentos completos

Cuentos completos

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

CAZANDO LA FALSA GALLIPAVA

Siendo yo muchacho, mi tío y sus hijos mayores cazaban con rifle, mientras que Fred, el más joven, y yo lo hacíamos con una escopeta de perdigones, es decir, con una pequeña escopeta de un solo cañón, muy apropiada a nuestra estatura y a nuestra fuerza, ya que pesaba poco más que una escoba. La llevábamos cada uno, por turnos, media hora seguida. Yo no atinaba a nada, pero me gustaba probar. Fred y yo tirábamos a las aves pequeñas y los demás cazaban ciervos, ardillas, gallipavos salvajes y otras presas por el estilo. Mi tío y sus hijos mayores eran buenos tiradores. Mataban halcones, patos salvajes y otras aves al vuelo; a las ardillas no las mataban ni las herían, sino que las atontaban. Cuando los perros levantaban una ardilla, esta corría a lo alto de los árboles, se deslizaba por una rama y se apretujaba contra ella con la esperanza de hacerse invisible, aunque sin éxito. Siempre se distinguían sus minúsculas orejitas tiesas. No podía verse su hocico, pero ya sabía uno dónde estaba. Entonces el cazador, desdeñando buscar un apoyo para su rifle, se ponía en pie y apuntaba de pronto a la rama, y disparaba una bala debajo mismo de donde la ardilla tenía pegada la nariz. El animalito se venía abajo, sin heridas, pero inconsciente. Entonces los perros le daban una sacudida con la boca, y ya estaba muerta. En ocasiones, cuando la distancia hasta la rama era mucha y no se tenía en cuenta el viento, la bala hería a la ardilla en la cabeza. Y ya podían los perros hacer con ella lo que quisiesen, que el orgullo del cazador estaba lastimado y no consentía que aquel animal entrase al zurrón.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker