Cuentos completos
Cuentos completos En la asamblea se produjo un solemne silencio, tan profundo que la gente podÃa oÃr el latido de sus propios corazones. Luego Constance se volvió lentamente, con los ojos refulgentes de odio y, señalando a Conrad con el dedo, dijo:
—¡Ese hombre eres tú!
Un espantoso convencimiento de su indefensión, de su peligrosa situación sin esperanza, hizo que el corazón de Conrad se estremeciera con un escalofrÃo de muerte. ¿Qué poder terrenal podrÃa salvarle? Para refutar aquella acusación, tenÃa que revelar que era una mujer, y el hecho de que una mujer se sentara sin ser coronada en la silla ducal… ¡suponÃa la muerte! En ese mismo momento, y al mismo tiempo, él y su anciano padre se desmayaron y cayeron al suelo.
El resto de esta emocionante y accidentada historia NO se encontrará ni en esta ni en ninguna otra publicación, tanto actual como futura.
La verdad es que he colocado a mi héroe (o heroÃna) en una situación tan comprometida que no sé cómo arreglármelas para sacarle (o sacarla) de ella, y por eso prefiero desentenderme de todo este asunto y dejar a esa persona que se las componga como pueda… o se quede como está. CreÃa que iba a resultar bastante sencillo enderezar este pequeño entuerto, pero en este momento no lo tengo tan claro.
1870