Cuentos completos
Cuentos completos Sí, Austria quedaba lejos del mundo y dormía; y nuestra aldea estaba en el centro de aquel sueño, ya que quedaba en el centro de Austria. Vivía adormilada y pacífica en el hondo recato de una soledad montañosa y boscosa, a la que nunca, o solo muy rara vez, llegaban noticias del mundo a perturbar sus sueños, y vivía infinitamente satisfecha. Delante de la aldea fluía un río sosegado, en cuya superficie se dibujaban las nubes y los reflejos de los pontones y de los trineos de transporte que se arrastraban a la deriva por la corriente. Detrás, se alzaba una ladera arbolada hasta el pie mismo de un altísimo precipicio, y en lo alto de este se levantaba ceñudo un enorme castillo, con su larga hilera de torres y de baluartes envueltos en hiedra. Al otro lado del río, a una legua hacia la izquierda, se observaba una abrupta extensión de colinas revestidas de bosques y rasgadas por serpenteantes gargantas en las que jamás penetraba el sol. Hacia la derecha, otro precipicio vigilaba el río, y entre este y las colinas yacía a lo lejos una llanura moteada de casitas pequeñas que se arrebujaban entre huertos y árboles umbrosos.