Cuentos completos
Cuentos completos Nos detuvimos un rato en una de las plantaciones, para descansar y refrescar a los caballos. Mantuvimos una agradable conversación con varios caballeros presentes. Pero había una persona, un hombre de mediana edad, con una expresión ausente, que se limitó a mirarnos, darnos los buenos días y enfrascarse de nuevo en las meditaciones que nuestra llegada había interrumpido. Los dueños de la plantación nos susurraron que no nos preocupáramos por él: estaba loco. Decían que se encontraba en las islas[5] a causa de su salud. Era predicador, y su hogar estaba en Michigan. Decían que si despertaba al presente y empezaba a hablar de una correspondencia que mantuvo una vez con el señor Greeley sobre cierto asunto sin importancia, debíamos seguirle la corriente y escuchar con interés, y debíamos darle la razón en que aquella correspondencia era lo más importante del mundo.