Cuentos completos
Cuentos completos No parecía decir ni una palabra sobre los nabos, ni contener indicación alguna de cómo podían convertirse en una planta trepadora. Ni siquiera se mencionaba a los Beazeley. Decidí consultarlo con la almohada. No cené, ni siquiera desayuné a la mañana siguiente. De modo que retomé el trabajo con el cerebro descansado, y albergaba muchas esperanzas. Esta vez la carta tenía otro aspecto, excepto por la firma, que más tarde resolví que se debía a un inofensivo efecto de la lengua hebrea. La epístola tenía que ser por fuerza del señor Greeley, pues mostraba el membrete de The Tribune, y yo no le había escrito a nadie más. La carta, digo, había tomado un aspecto distinto, pero el lenguaje seguía siendo excéntrico y no abordaba el tema. Ahora parecía decir:
La Habana da voces reparadoras; el bórax concierne a los pistilos; el calendario excusa. Enferma la perdida; los rezos que maldigo son paganos. Piedra atacada, buena gente, tetera, lo del grillo es delito; ¡cuánto bicho! Nos tomamos un ron.
Atrxwmente,
HEVACE EVEELOJ
Como es natural, estaba rendido. Tenía afectada la comprensión. Por eso me concedí dos días de esparcimiento, y luego retomé mi tarea mucho más fresco. Ahora la carta tomaba la siguiente forma: