Cuentos completos
Cuentos completos ¡Pobre desconocido de ojos tristes! Había algo en la humildad de su semblante, en el cansancio de su mirada, en el decadente refinamiento de sus ropajes que a punto estuvo de despertar la semilla de mostaza de caridad cuya existencia, remota y aislada, resistía en la vacua inmensidad de mi corazón. No obstante, reparé en una cartera que llevaba bajo el brazo, y me dije: «Mira por donde, la Providencia ha llevado a su siervo hasta otro representante».
Bueno, ese tipo de personas siempre consigue captar la atención de los demás. Antes de que supiera cómo había ocurrido, aquel hombre me estaba contando su historia y yo le prodigaba mi atención y mi simpatía. Me contó algo así:
Mis padres murieron, ay, cuando yo era un niñito libre de todo pecado. Mi tío Ithuriel me acogió en su corazón y me trató como si fuera hijo suyo. Era mi único pariente en el mundo, y era bueno, rico y generoso. Me crió con toda clase de lujos. No conocí deseo que el dinero no pudiera satisfacer.