Cuentos completos
Cuentos completos I
Era bien entrada la mañana de un crudo día de invierno. La ciudad de Eastport, en el estado de Maine, yacía sepultada bajo una espesa capa de nieve caída recientemente. En las calles se echaba en falta el acostumbrado bullicio. Podías mirar muy a lo lejos sin ver otra cosa que una desolación mortalmente blanca, acompañada de un profundo silencio. Por supuesto, no quiero decir que se pudiera «ver» el silencio: no, solo podía sentirse. Las aceras no eran más que largas y profundas zanjas, flanqueadas a ambos lados por abruptas paredes de nieve. De vez en cuando se oía el rascar débil y lejano de una pala de madera, y, si eras lo suficientemente raudo, podías vislumbrar a lo lejos una figura negra que se encorvaba y desaparecía en medio de una de aquellas zanjas, para reaparecer al momento con un movimiento que indicaba que estaba paleando nieve para despejar el paso. Pero había que ser muy rápido, porque aquella figura negra enseguida tiraba la pala y entraba a toda prisa en su casa, golpeándose con los brazos por todo el cuerpo para entrar en calor. Sí, hacía un frío de mil demonios para quienes intentaran palear nieve o para cualquiera que estuviera fuera demasiado tiempo.
