Cuentos completos
Cuentos completos Cuando mi peculiar amigo Riley y yo éramos corresponsales de un periódico en Washington, en el invierno de 1867, una noche, hacia medianoche, bajábamos por Pennsylvania Avenue en mitad de una tremenda ventisca, cuando la luz de una farola cayó en un hombre que avanzaba con paso presuroso en sentido contrario. Este se detuvo al instante y exclamó:
—¡Menuda suerte! Usted es el señor Riley, ¿verdad?
Riley era la persona más serena, seria y reflexiva de la república. Se detuvo, miró al hombre de pies a cabeza y al final dijo:
—Soy el señor Riley. ¿Acaso me estaba buscando?
—Eso era exactamente lo que estaba haciendo —dijo el hombre con júbilo—, y he tenido la mayor suerte del mundo al encontrarle. Mi nombre es Lykins. Soy uno de los profesores de la escuela secundaria… En San Francisco. En cuanto me enteré de que el puesto de director habÃa quedado vacante, me decidà a obtenerlo; y aquà estoy.
—Sà —dijo Riley despacio—, tal como usted comenta…, señor Lykins…, aquà está. ¿Y lo ha obtenido?
