Cuentos completos
Cuentos completos Y esta es la historia de la alarma contra ladrones, con todo cuanto ocurrió, sin atenuaciones y sin malicia. Sí, señor, y cuando yo llevaba ya viviendo nueve años con ladrones y manteniendo en todo ese tiempo un aparato costosísimo de alarma para protegerlos a ellos, no a mí, pero a mis expensas (porque jamás conseguí que ellos contribuyesen con un condenado centavo), me limité a decir a mi señora que ya estaba harto de semejante clase de patraña. De modo, pues, que con su pleno consentimiento, lo desmonté todo, lo vendí a cambio de un perro, y al perro lo maté de un tiro. Señor Twain, ignoro lo que usted pensará del asunto, pero mi opinión es que esta clase de aparatos se fabrican solo en interés de los ladrones de casas. Sí, señor, porque estas alarmas reúnen en sí mismas todo lo que hay de molesto en un incendio, en un motín y en un harén, sin que tengan ninguna de las ventajas compensadoras, ninguna en absoluto, que suelen acompañar a esas cosas. Adiós, aquí termino.
1882