Cuentos completos
Cuentos completos Fue en los primeros tiempos. Entonces no era profesor universitario, sino un joven agrimensor de espíritu humilde, con el mundo a mis pies…, para trazar sus dimensiones en un plano, si alguien lo requería. Había obtenido un contrato para hacer un estudio de unos terrenos en los que quería excavarse una gran mina en California y hacia allí me dirigía, por mar. El viaje tenía que durar tres o cuatro semanas. Los pasajeros eran numerosos, pero yo tenía muy poco que decirles. Leer y soñar eran mis dos pasiones, y evitaba las conversaciones con tal de satisfacer esos deseos. A bordo había tres jugadores profesionales, unos tipos toscos y repulsivos. No llegué a hablar con ellos, pero no podía evitar verlos con cierta frecuencia, pues todos los días y todas las noches se reunían para jugar en un camarote de la cubierta superior, y durante mis paseos los divisaba por la rendija de la puerta, que permanecía un poco entreabierta para dejar salir el excedente de humo de tabaco y de blasfemias. Su presencia resultaba nociva y odiosa, pero no me quedaba más remedio que aguantarla, como es natural.
