Cuentos completos
Cuentos completos Llegaría un día en que deberíamos desplazarnos de Aix-les-Bains a Ginebra, y desde allí, en una serie de tortuosas jornadas de sol a sol, hasta Bayreuth, en Baviera. Haría falta un guía, por supuesto, para cuidar de un grupo tan considerable como el que me acompañaba.
Pero iba dejando pasar el tiempo. Los días volaban, y al fin un día desperté a la realidad de que estábamos a punto de partir y no tenía guía. Decidí entonces lo que parecía una temeridad, pero me sentía con ánimos para ello. Dije que haríamos la primera etapa del viaje sin ayuda… Y así lo hice.
Llevé al grupo desde Aix-les-Bains hasta Ginebra yo solo, cuatro personas. La distancia era de más de dos horas, y allí teníamos que cambiar de coche. No hubo ni un solo accidente de ninguna clase, salvo olvidarnos una maleta y varios objetos más en el andén, algo que apenas puede llamarse así por la frecuencia con que ocurre. De esta manera, me ofrecí a guiar al grupo durante todo el trayecto hasta Bayreuth.
