Cuentos completos
Cuentos completos Bueno, trabajé como un esclavo mientras estaba de servicio, y lo hice todo lo mejor que supe. Sin embargo, aquella gente solo hacía hincapié y parecía querer poner énfasis en los defectos de mi labor, en lugar de fijarse en los detalles merecedores de alabanza. Los ignoraban para insistir en un solo hecho, recalcarlo y montar un número al respecto, hasta que tuve la impresión de que se estaban pasando de la raya. Porque, además, tampoco había para tanto, según mi punto de vista. El asunto solo consistía en que, durante nuestra estancia en Ginebra, me había erigido en guía y me había volcado en ello con tanto esfuerzo como para trasladar un circo entero a Jerusalén, y sin embargo ni siquiera había conseguido que el grupo saliera de la ciudad. Al final les dije que no quería saber nada más sobre ese tema, que estaba harto. Y les aseguré cara a cara que nunca más volvería a hacer de guía para salvarle la vida a nadie, y que si vivía para demostrarlo, lo haría. Creo que es un oficio difícil, fastidioso, agotador y de lo más ingrato, y que prácticamente lo único que con él se gana es acabar con el corazón herido y el alma maltrecha.
1891