Cuentos completos

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He pasado unos días de lo más variopinto. La otra noche escapé y cabalgué a lomos de un caballo toda la noche tan rápido como pude con la esperanza de salir del parque y esconderme en algún otro territorio antes de que empiecen las dificultades, pero fue imposible. Una hora después de salir el sol, cuando cabalgaba por una llanura cubierta de flores donde miles de animales pastaban, dormitaban o retozaban, se produjo de pronto una barahúnda de gritos espantosos, y al cabo de un momento hubo una terrible conmoción en la llanura y todos los animales empezaron a destruirse unos a otros. Enseguida supe lo que había ocurrido: Eva había comido aquella fruta y la muerte había llegado al mundo… Los tigres devoraron mi caballo, sin hacerme caso cuando les ordené que no lo hicieran, y me habrían devorado a mí también si me hubiera quedado, menos mal que huí a toda prisa… Encontré este lugar, fuera del parque, y pasé unos días bastante a gusto, pero me ha descubierto. Me ha encontrado y ha llamado a este sitio Tonawanda…, dice que se parece a eso. De hecho, no lamenté que viniera, porque aquí casi no hay nada de comer y me trajo unas cuantas manzanas. No me quedó más remedio que comerlas, estaba muerto de hambre. Iba contra mis principios, pero descubrí que los principios no sirven de nada a menos que uno esté bien alimentado… Vino tapada con ramas y hojas, y cuando le pregunté por qué hacía esas tonterías y se las quité, se puso a temblar y se ruborizó. Nunca había visto a nadie temblar y ruborizarse así, y me pareció estúpido e inapropiado. Afirmó que pronto la entendería. Tenía razón. A pesar de lo hambriento que estaba, dejé la manzana a medio comer —sin duda la mejor que he visto, dado lo avanzado de la estación—, y me tapé yo mismo con las ramas y las hojas que le había quitado, y luego le hablé con cierta severidad y le ordené que fuese a buscar unas para ella y no se exhibiera de esa manera. Así lo hizo, y después volvimos al lugar donde se había producido la batalla entre los animales, recogimos algunas pieles y le pedí que fabricara unos trajes adecuados para ocasiones públicas. Es cierto que son un poco incómodos, pero también muy elegantes, y eso es lo más importante de la ropa… Creo que es una buena compañera. Comprendo que sin ella me sentiría solo y deprimido ahora que he perdido mi propiedad. Además, dice que a partir de ahora tendremos que trabajar para vivir. Me será útil. Yo la supervisaré.


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