Cuentos completos
Cuentos completos —SÃ, le contaré todo cuanto quiera saber de mÃ, señor Twain —dijo la muchacha con su voz suave y posando plácidamente sus sinceros ojos sobre mi rostro—, ya que es muy bueno y amable de su parte que yo le agrade y muestre interés por conocer mi vida.
HabÃa estado raspándose distraÃdamente la grasa de ballena de las mejillas con un pequeño cuchillo de hueso, limpiándolo en las pieles de su manga, mientras contemplaba cómo la aurora boreal agitaba en el cielo sus llameantes franjas luminosas, que bañaban con los ricos matices del prisma la blanca y solitaria planicie y los grandes icebergs; era un espectáculo de belleza y esplendor casi insoportables; pero entonces despertó de su ensoñación con un movimiento de cabeza y se dispuso a contarme su pequeña y modesta historia.
Se arrellanó confortablemente en el bloque de hielo que nos servÃa como sofá, y yo me apresté a escuchar.
