Cuentos completos
Cuentos completos —Póngame a prueba… ¡Oh, hágalo, se lo ruego! Solo póngame a prueba durante treinta o cuarenta años, y si…
—Oh, de acuerdo, muy bien. No pide mucho, asà que puede llevársela.
¿Que si fuimos felices? No existen palabras en el diccionario más voluminoso para describirlo. Y cuando, uno o dos dÃas más tarde, Londres se enteró de la historia completa de mis aventuras con el billete durante aquel mes, ¿fue la comidilla de toda la ciudad y nos divertimos mucho con ello? Pues sÃ.
El papá de mi querida Portia devolvió aquel billete, que brindaba tantas amistades y abrÃa tantas puertas, al Banco de Inglaterra, donde fue ingresado en caja; entonces el Banco lo canceló y se lo obsequió al caballero, quien nos lo entregó como regalo de boda, y desde entonces siempre ha colgado debidamente enmarcado en el lugar más sagrado de nuestra casa. Porque él me dio a mi Portia. De no ser por él, no me habrÃa quedado en Londres, no habrÃa acudido a la recepción del ministro y nunca la habrÃa encontrado. Y por eso siempre digo: «SÃ, como puede ver, es de un millón de libras; pero no hizo más que una sola compra en su vida, y con ella consiguió el artÃculo por solo una décima parte de su valor».
1893