El Forastero Misterioso
El Forastero Misterioso ÉRAMOS TRES AMIGOS que siempre estábamos juntos —y lo habĂamos estado desde la cuna—, porque nos llevábamos bien desde siempre y el afecto habĂa ido creciendo a medida que pasaban los años: Nikolaus Bauman, hijo del juez más importante del tribunal local; Seppi Wohlmeyer, hijo del dueño de la posada más importante, El ciervo de oro, con un bonito jardĂn de árboles frondosos que llegaba hasta la ribera del rĂo, donde habĂa barcas en alquiler para pasear; y yo era el tercero, Theodor Fischer, hijo del organista de la iglesia, que tambiĂ©n era el director de los mĂşsicos de la aldea, profesor de violĂn, compositor, recaudador de impuestos del municipio, sacristán, y ciudadano Ăştil en varios aspectos, respetado por todos. ConocĂamos los montes y los bosques tan bien como los pájaros, porque vagábamos por ellos siempre que tenĂamos tiempo libre; al menos cuando no estábamos nadando, paseando en barca, pescando, jugando en el hielo o deslizándonos cuesta abajo.
