El Forastero Misterioso
El Forastero Misterioso EL FORASTERO LO HABÍA VISTO TODO, había estado en todas partes, lo sabía todo, y no olvidaba nada. Lo que otros debían estudiar, él lo aprendía de un vistazo; para él no existían las dificultades. Y hacía que las cosas tuvieran vida ante nuestros ojos con sólo hablar de ellas. Había visto la creación del mundo; y la de Adán; había visto a Sansón abalanzarse contra las columnas y derrumbar el templo sobre él; había presenciado la muerte de César; nos habló de la vida cotidiana en el cielo; había visto a los condenados retorcerse entre las rojas llamas del infierno; y nos hizo ver todas esas cosas a nosotros: fue como si estuviésemos allí mismo, observándolo todo con nuestros propios ojos. Además, las sentimos, pero nada nos indicó que para él fuesen más que un simple entretenimiento. Aquellas visiones del infierno, aquellos pobres bebés, mujeres, niñas, niños y hombres chillando y suplicando de dolor: nosotros no podíamos soportarlo, pero él se mostraba tan insensible como si se tratara de un grupo de ratas de juguete en medio de un fuego artificial.
