El Forastero Misterioso
El Forastero Misterioso TODO EL MUNDO cotilleaba al día siguiente, cuando el padre Peter pagó a Solomon Isaacs en oro y le dejó el resto del dinero a plazo. Además, se produjo un cambio agradable: mucha gente se acercó a la casa para darle la enhorabuena, y cierto número de viejos amigos durmientes volvieron a mostrarse amables y acogedores. Y, por si todo eso fuera poco, invitaron a Marget a una fiesta.
Además, no había misterio. El padre Peter lo contó todo tal y como había ocurrido, y dijo que no podía explicarlo, que, por lo que él veía, era cosa de la providencia.
Uno o dos movieron la cabeza y dijeron en privado que más parecía cosa de Satanás; y la conjetura resultaba sorprendentemente buena para venir de aquella gente ignorante. Algunos zascandilearon con malicia a nuestro alrededor, para persuadirnos de que «les contásemos la verdad a ellos», prometiendo que no dirían nada, que sólo querían saberlo para satisfacción propia, porque todo aquel asunto les parecía muy curioso. Hasta hubo quien quiso comprar el secreto, darnos dinero a cambio; y si hubiésemos podido inventar algo que sirviera… pero no; no teníamos tanto ingenio, por lo que debimos dejar pasar la oportunidad, y fue una pena.
