Juana de Arco
Juana de Arco Unos dÃas más tarde, ya se encontraba Juana en Vaucouleurs, donde fue conducida por su tÃo Laxart, quedando alojada en la casa de Catalina Royer, mujer honrada y bondadosa, que se encargó de la custodia de la joven. Juana asistÃa a misa con regularidad y ayudaba en las tareas de la casa, ganando asà su manutención. Cuando alguien querÃa preguntarle algo relacionado con su misión —y muchos lo hacÃan— les contestaba con toda naturalidad, sin ocultar nada del asunto.
Yo me hospedaba en una casa próxima a la de Juana y pude observar los resultados de su presencia en la ciudad.
No tardó en difundirse la noticia de que allà se encontraba una muchachita enviada por Dios para salvar a Francia de la presencia inglesa. Las gentes sencillas se apretujaban en masa, ansiosas de verla y hablar con ella. Con su aire jovial y amable, se granjeó la mitad de la fe de aquellas personas, y con su profunda seriedad y sinceridad diáfana, conquistó la otra mitad de su confianza.
