Juana de Arco
Juana de Arco En total formaban nuestro grupo 25 hombres fuertes y bien equipados. Caminábamos en columna de a dos, con Juana y sus hermanos situados en el centro, para mayor seguridad, mientras Juan de Metz marchaba en cabeza y Bertrand de Poulengy en retaguardia. Los dos caballeros se colocaron de esta forma para impedir posibles deserciones, al menos mientras nos encontráramos en zona francesa. Más tarde, al entrar en territorio enemigo, nadie se atreverÃa a desertar. Al cabo de un rato, se empezaron a oÃr lamentos, gritos y maldiciones que procedÃan de varios puntos de nuestra columna. Después de hechas las oportunas averiguaciones, resultó que se trataba de algunos de nuestros hombres, alrededor de cinco o seis, pobres campesinos que nunca habÃan montado a caballo y se mantenÃan en las sillas con gran dificultad. Y, además, con el trote, comenzaban a sufrir agudos dolores. Fueron enrolados por el gobernador a última hora y a la fuerza, con el fin de completar la lista de hombres destinados a esta operación.
