Juana de Arco
Juana de Arco Aquella noche se produjeron varias escaramuzas, aunque logramos salir bien librados, sin lamentar ninguna baja. Un dÃa más y franquearÃamos la frontera enemiga, si la suerte nos acompañaba. Al acercarse la última noche, nuestra ansiedad iba en aumento. Las anteriores jornadas, al emprender la marcha, de cara a las tinieblas y al sobrecogedor silencio, pensando en los rÃos helados y persecuciones del enemigo, se nos veÃa más o menos reacios a caminar.
Pero esta vez mostrábamos impaciencia por iniciar la última etapa de nuestro viaje y acabar con aquello, aunque la noche prometÃa los mayores contratiempos y luchas conocidos hasta ese momento. Además, unas tres leguas ante nosotros, encontrarÃamos una profunda corriente de agua, salvada por un paso de madera en mal estado. Para agravar más las cosas, durante el dÃa estuvo cayendo agua-nieve, de forma que ignorábamos si nos quedarÃamos bloqueados o no. Si la crecida del agua se hubiera llevado el débil puente, podÃamos considerarnos presos en una ratonera y sin posibilidad alguna de escape.