Juana de Arco
Juana de Arco Hacia la zona alta de Domrémy, en dirección a Vaucouleurs, en un gran espacio abierto y tapizado de césped, se erguía una majestuosa haya, con frondosas ramas que se extendían a considerable distancia y ofrecían una amplia capa de sombra. Junto al haya brotaba un cristalino manantial de agua fresca, aumentando la belleza del lugar que, en los días del verano, era visitado por los niños. Iban allí —todos los veranos, desde hacía quinientos años—, iban allí y cantaban y bailaban juntos alrededor del árbol durante horas enteras, refrescándose en el manantial de vez en cuando, en una pausa que les resultaba muy agradable y gozosa.