Juana de Arco
Juana de Arco La mayor parte de las personas dotadas con el don de la narración —ese don extraordinario y valioso— incurren en el defecto de la monotonÃa, ya que terminan por repetir siempre las mismas escenas. No era éste el caso de El PaladÃn, que habÃa desarrollado notable maestrÃa, puesto que resultaba más apasionante oÃrle contar una batalla la décima vez que la primera. Nunca describÃa la acción de la misma manera, sino que cada vez variaba los hechos, de modo que aumentaban las bajas causadas al enemigo, y el número de huérfanos y viudas alcanzaban cifras dignas de lástima. Ensanchaba de tal modo el campo de acción de sus batallas que, al cabo del tiempo, parecÃan no caber en toda la extensión de Francia. En tal caso, no tenÃa más remedio que empezar con otra nueva, pero el auditorio, enardecido, no se lo permitÃa, conscientes de que cuanto más antigua era la historia, tanto más emocionante les resultaba. Y en lugar de rogarle que les sorprendiera con algo nuevo, por estar cansados siempre de la misma antigualla, le gritaban a coro: «Contadnos otra vez la estratagema de Beaulieu». «RepetÃdnosla tres o cuatro veces»… Las peticiones eran, en realidad, la mejor alabanza a las cualidades de El PaladÃn, que superaba a los más conocidos expertos en el género narrativo, a los cuales pocas veces se les hace un ruego semejante.