Juana de Arco
Juana de Arco Aquel fue, en verdad, un gran dÃa y un espectáculo impresionante. ¡Juana habÃa ganado! Tremouille y su grupo de enemigos cometieron un error al permitir aquellas sesiones vespertinas en casa de sus protectores, los Rabouteau. Además, la comisión enviada a Lorena para informar sobre el carácter y comportamiento de Juana, regresó con el resultado de sus averiguaciones: sus antecedentes eran perfectos, intachables. AsÃ, pues, nuestra empresa marchaba ahora sin dificultades, ya lo veis.
Las noticias favorables despertaron extraordinario entusiasmo. Francia, que estaba muerta, resucitó súbitamente a la vida. Mientras poco antes la gente andaba acobardada y sin valor, huyendo en cuanto oÃan hablar de guerra, ahora acudÃan rogando les permitieran alistarse bajo las banderas de la Doncella de Vaucouleurs. Se escuchaba el rugir de las canciones bélicas y el redoble de tambores que atronaban las calles. Recordé entonces las palabras que me dirigió ella hacÃa algún tiempo, en la aldea, al indicarle yo con hechos reales que Francia estaba perdida y nada despertarÃa al pueblo de su letargo:
—¡Oirán los tambores, responderán… y marcharán al combate!
