Juana de Arco
Juana de Arco Noel y yo regresamos juntos y en silencio, impresionados. Finalmente, dijo:
—Los últimos serán los primeros y los primeros los últimos. Hemos visto la sorpresa. Pero ¿no ha sido esto un sublime ascenso para nuestro gran hombre?
—Desde luego que sÃ. No salgo de mi asombro. Ha salido mejor parado que cualquiera de nosotros.
—Asà es. Hay muchos generales, y ella puede nombrar todavÃa más. Pero abanderado sólo hay uno.
—Cierto. Es el puesto más distinguido del ejército, después del de ella.
—Y también el más codiciado y honroso. Los hijos de dos duques han pretendido alcanzarlo. Y entre todos, lo consigue ese presumido molino de viento. Vamos ¿no ha sido un increÃble ascenso? No lo entiendo. ¿Y vos? —preguntó Noel.
—Bueno… pues yo sÃ… es decir, imagino que sÃ.
Noel quedó sorprendido con mi afirmación y me miró para asegurarse de que estaba hablando en serio. Me dijo:
—Creà que estabais de broma, pero veo que no. En fin, si podéis aclararme este lÃo, hacedlo. Explicadme vuestra idea.
