Juana de Arco
Juana de Arco Permanecimos en Blois tres días. La estancia en aquel campamento es uno de los recuerdos imborrables que retengo en la memoria. ¿Hablamos de disciplina? Entre aquellos bandidos existía el mismo orden que pueda haber entre lobos y alimañas. Deambulaban sin sentido, rugiendo y sin dejar de beber, con alaridos y gritos, feroces juramentos que alternaban con desafíos a caballo y continuas pendencias. El lugar se encontraba atestado de mujeres de mala vida que no desmerecían de los hombres con sus juegos, escarceos y palabras soeces.
Rodeado de esta muchedumbre vimos Noel y yo por vez primera a La Hire. Su porte fue tal como lo habíamos imaginado en nuestros sueños infantiles. Era un hombre corpulento y de aire marcial, pertrechado con armadura de la cabeza a los pies, con un penacho de ondeantes plumas en el yelmo y enorme espada a la cintura.
Se encaminaba a rendir honores a Juana. Conforme avanzaba por el campamento imponía el orden, gritándoles que la Doncella había llegado y no estaba dispuesta a soportar un espectáculo semejante. Su estilo de mantener la disciplina era algo propio y peculiar de La Hire. Empleaba sus poderosos puños. Cabalgaba entre juramentos y amenazas, administrando golpes a diestra y siniestra, con la seguridad de que cada hombre alcanzado rodaba por el suelo.
