Juana de Arco
Juana de Arco Nos pusimos en marcha con gran entusiasmo, de forma espectacular, y tomamos el camino de Orleáns. Los primeros compases del sueño de Juana se estaban desarrollando, por fin. Hasta ese momento, ninguno de nosotros, los jóvenes, había contemplado un verdadero ejército y aquello era para nosotros un acontecimiento fabuloso e imponente. Observar la interminable columna, que se alargaba hacia adelante y se perdía en la distancia, era una visión que exaltaba el ánimo. Los caballeros formaban una especie de enorme serpiente, que se enroscaba a un lado y otro siguiendo las curvas del camino. Juana cabalgaba a la cabeza, acompañada por su escolta personal. A continuación marchaba un grupo de sacerdotes que, en esos momentos al iniciarse la acción, entonaban el «Veni Creator», solicitando la ayuda del Espíritu Santo para su empresa. La bandera de la cruz destacaba en el aire, viniendo poco después el bosque de lanzas de los guerreros. Cada una de las divisiones quedaba al mando de los grandes generales del partido Armagnac, y que eran: La Hire, el Mariscal de Boussac, el señor de Retz, Florent d’Illiers y Poton de Saintrailles. En mayor o menor grado, todos eran hombres duros, aunque con diversos matices: duros, más duros y durísimos. La Hire era de estos últimos, sólo por un delgado hilo de diferencia. Además de veteranos oficiales, tenían algo de delincuentes, ya que, acostumbrados a la ilegalidad desde hacía varios años, habían perdido la más mínima noción de obediencia, si es que alguna vez la tuvieron.
