Juana de Arco
Juana de Arco Para alejarse del tumulto y conseguir descansar, Juana se retiró con Catalina a las habitaciones que compartÃan, donde cenaron primero y curaron la herida de la Doncella. Después, en vez de acostarse, envió a su fiel «Enano» a buscarme, a pesar de las protestas de Catalina, que le aconsejaba descanso. Juana deseaba enviar inmediatamente un correo a Domrémy con una carta que el P. Fronte habrÃa de leer a sus padres. Asà que me dispuse a escribir la carta que iba a dictarme. Después de saludos cariñosos, entró en materia: .
«Pero lo que me impulsa a escribiros ahora es informaros de que si os enteráis que me han herido, no os preocupéis lo más mÃnimo, ni deis crédito a los que intenten decir que es grave».
Juana se disponÃa a continuar dictando, cuando Catalina interrumpió:
—¡Tened cuidado con vuestras palabras! Es mejor que no les digáis nada, pues será suficiente con que aguardéis un dÃa, dos a lo sumo, para que podáis escribir diciendo que vuestro pie… fue herido, pero que ya está curado. Creo que no hace falta asustarlos, Juana, hacedme caso.
—¿Mi pie? —contestó Juana—, ¿Y por qué les iba a hablar de algo tan leve? No estaba pensando en eso, Catalina.
—Pues entonces… ¿De qué se trata? ¿O es que ocultáis otra herida más grave?
