Juana de Arco
Juana de Arco Así que, pensando en los resultados, la batalla de Patay es una de las pocas verdaderamente grandes, enormes, entre las que se han librado desde que los pueblos de la tierra acudieron a las armas para resolver sus contiendas. Desde este punto de vista, puede incluso que la batalla de Patay supere en importancia a cualquier otro de los conflictos decisivos de la historia. Hay que tener en cuenta que, al comenzar el combate, Francia estaba postrada, a punto de exhalar el último aliento de una vida casi muerta, y que, en opinión de todos los médicos políticos, su caso era algo completamente desesperado. Sin embargo, una vez finalizada la batalla, el moribundo había pasado a estar curado de su enfermedad, aunque todavía convaleciente. Convaleciente que apenas con unos cuidados medianos recobraría una salud de hierro. El más necio de los doctores lo hubiera considerado así y, desde luego, no hubo nadie que lo negara.
Algunas naciones moribundas superaron su enfermedad y alcanzaron la convalecencia después de un largo período de agotadores esfuerzos, sufrimientos, guerras y batallas, prolongado durante años. Pero sólo una nación entró en vías de curación en un solo día y en una sola batalla. Y esa nación es Francia, y esa batalla es Patay.