Juana de Arco
Juana de Arco Era pasada la medianoche de aquella jomada tensa y agotadora, cuando Juana continuaba en plena actividad. Sus generales la acompañaron hasta el Cuartel de Estado Mayor, donde les dictó órdenes con toda la velocidad que pudo, enviándolos para que fueran a cumplir sus diferentes encargos. Varios mensajeros recorrieron la ciudad, despertando rumores que aumentaron con el rÃtmico sonar de los tambores y la música lejana de los clarines, iniciando los preparativos necesarios para que las tropas de vanguardia levantaran el campo al amanecer.
Ordenó salir a todos sus generales, pero no a mÃ, pues debÃamos continuar trabajando. Me dictó una proclama al Duque de Borgoña, conminándole a abandonar las armas y firmar la paz, solicitando perdón al Rey. AñadÃa que si deseaba luchar, lo hiciera contra los sarracenos: «Pardonnez-vous l’un a l’autre de bon coeur, entièrement, ainsi que doivent faire loyaux chrétiens, et, s’il vous plait de guerroyer, allez contre les Sarrasins[6]».
