Juana de Arco
Juana de Arco Inmediatamente después se escuchó un alarido triunfal y un tropel de soldados acometieron a Juana que seguía defendiéndose con denuedo y habilidad, hasta que, agarrada por la capa, fue derribada del caballo y hecha prisionera. La condujeron al campamento del duque de Borgoña, seguida por el ejército victorioso, rugiendo de alegría.
La terrible noticia corrió como el rayo por todas partes, de boca en boca. La gente quedaba como fulminada. Murmuraban como en una pesadilla: «¡La Doncella de Orleáns, apresada!… ¡Juana de Arco, prisionera!… ¡Hemos perdido a la liberadora de Francia!». Parecía como si no pudieran comprender que Dios hubiera permitido algo tan espantoso. En Tours y en otras muchas ciudades las colgaduras negras y crespones de luto cubrían los edificios desde el tejado al suelo. Pero esto no era nada comparado con el luto que inundó los corazones de los aldeanos franceses. La desolación general era imposible de explicar a un extraño ¡El espíritu de una nación entera estaba cubierto de negros crespones! Estamos en el 24 de mayo. Dejaremos que caiga el telón una vez terminado el más patético, asombroso y extraño drama militar nunca representado en ningún escenario humano. Juana de Arco no volvió a cabalgar jamás.