Juana de Arco
Juana de Arco Mi herida me producía molestias que se alargaron hasta principios de octubre. Por entonces, el tiempo fresco me ayudó a recobrar mi vitalidad y fuerza. Durante esos días circularon rumores de que el Rey se disponía a rescatar a Juana. Me los creí. Yo era joven y aún no había descubierto las pequeñas mezquindades de la miserable raza humana, que tan pagada está de sí misma y tan superior se cree.
Pero en octubre ya me encontraba dispuesto a nuevas acciones de guerra, participando en dos escaramuzas. Muy pronto, el 23, fui nuevamente herido. Como veis, mi suerte había cambiado. En la noche del 25, los sitiadores de Compiègne levantaron el campo y escaparon. En la confusión, uno de sus prisioneros franceses huyó, refugiándose en la ciudad. Entró con paso vacilante en mi habitación. Un ser destruido, pálido y con el aire más patético que podáis imaginar.
—Pero… ¿cómo podía ser? ¡Era Noel Rainguesson, y estaba vivo!
