Juana de Arco
Juana de Arco Así pues, oímos el ruido de pasos, con el traqueteo de las cadenas de Juana sobre las piedras del suelo. Seguidamente apareció. La asamblea sufrió una conmoción y se oyeron respiraciones entrecortadas. Dos guardias la seguían a corta distancia. Su cabeza estaba ligeramente inclinada y caminaba con lentitud, pues a su debilidad se unía el peso de las cadenas. Iba vestida con traje varonil, todo de color negro. Del cuello a los pies no se percibía ningún detalle de otro color. Una sobrepelliz de la misma tela negra caía en pliegues sobre sus hombros y pecho. Las mangas del corpiño, anchas y largas hasta los codos, se ceñían desde allí y se prolongaban llegando a las muñecas aprisionadas por las argollas. De la cintura salían los calzones negros, ceñidos a los tobillos por sólidas cadenas.