Juana de Arco
Juana de Arco —¿Os insistÃan las Voces en que siguierais unida al ejército?
—No. Me aconsejaron que lo dejara marchar y yo me quedara en St. Denis. Si hubiera podido, asà lo habrÃa hecho. Pero estaba débil a causa de mi herida y me obligaron a continuar en el ejército a la fuerza.
—¿Cuándo fuisteis herida?
—Al asaltar los muros de ParÃs.
La pregunta que siguió muestra los propósitos de Beaupère:
—¿Era dÃa de fiesta?
Estaba claro que trataba de sugerir cómo «Voces divinas», no podÃan permitir hacer la guerra en un dÃa sagrado. Juana, al darse cuenta de la jugada, quedó confusa un momento, y luego contestó:
—SÃ. Era dÃa de fiesta.
—Y, ahora, respondedme: ¿Ordenasteis vos atacar en semejante dÃa?
La pregunta fue un cañonazo que agrietó un muro intacto hasta el momento, como era la defensa de Juana. El silencio y la expectación se adueñaron de la sala. Pero, una vez más, Juana defraudó al público:
—«Passez outre».