Juana de Arco
Juana de Arco Seguidamente, aquel tribunal sin escrúpulos utilizó unos procedimientos de tal bajeza, que incluso ahora, pasados los años, no puedo referirme a ellos sin perder la calma. Desde que empezó a escuchar sus Voces en Domrémy, todavía muy niña, Juana se comprometió al servicio de Dios en cuerpo y alma, de modo íntegro. Cuando intentaron casarla con el pobre, bueno, fanfarrón, valiente, querido y llorado Paladín, a los 16 años, defendió su inocencia por sí misma en el tribunal de Toul, y lo hizo con tal habilidad, que destruyó de un soplo la tesis de Paladín, resultando absuelta. El anciano presidente del tribunal se refirió a ella como «esta maravillosa niña».
Recordaréis todo eso, ¿no? Pues imaginad lo que pude sentir al comprobar cómo ahora, el tribunal de Rouen manipulaba el mismo tema de modo malintencionado, intentando demostrar que fue Juana la que arrastró al Paladín ante los jueces, exigiéndole promesa de matrimonio con apremio. Desde luego, no había bajeza que no estuvieran dispuestos a cometer siempre que sirviera para condenar a aquella joven desamparada. Querían probar que ella cometió el pecado de faltar a sus promesas de mantener el celibato, y que estaba dispuesta a romperlas.
