Juana de Arco
Juana de Arco El tiempo encantador que reinaba en Rouen ayudaba al espíritu alegre y festivo que predominaba en la ciudad. El espíritu de las gentes, alegre y bien dispuesto, estallaba en risas a la menor oportunidad. Así, cuando circuló la noticia de que la joven prisionera de la torre había derrotado de nuevo al obispo Cauchon, se produjeron expresiones de abierto regocijo entre simpatizantes de los dos bandos, franceses e ingleses, ya que el odio contra el eclesiástico era general y compartido.
Aunque la mayoría del pueblo era partidaria de los ingleses y estaba de acuerdo en enviar a Juana a la hoguera, se burlaban del obispo servil, movidos por el odio hacia él. Resultaba peligroso reírse de las autoridades inglesas, pero no existía riesgo al tratarse de Cauchon, o de sus lacayos, Loyseleur o d’Estivet. La similitud entre las palabras Cauchon y «cochon[10]», cuya diferencia no se percibe al hablar, daba ocasión a numerosos juegos de palabras y bromas que se hicieron corrientes durante los meses del proceso. Cada vez que Cauchon abría nuevas sesiones del proceso, la gente divulgaba frases como ésta: «La cerda ha parido de nuevo[11]». Y cada vez que el juicio se atascaba, repetían: «El cerdo ha vuelto a preparar otra chapucería».
En este ambiente, mientras paseábamos Noel y yo por las calles de Rouen, escuchábamos a la gente inculta repetir la broma en los corrillos de calles y plazas:
