Juana de Arco
Juana de Arco La furia del obispo llegaba al colmo por aquellos días. No renunciaba a su idea de aplicar la tortura. Era el plan más de su gusto de todos los ideados por él, y no podía resignarse a olvidarlo. Así que fue a convencer a sus fieles sicarios que habían redactado los doce puntos últimos contra Juana, sobre la necesidad de emplear la tortura a la acusada. Pero sus esfuerzos fueron vanos. En algunos de ellos, la actitud de Juana ya había hecho su efecto, y otros temían que pudiera morir en el tormento. De los catorce personajes reunidos para la votación, once se decidieron en contra de la tortura, y mantuvieron su postura firme, a pesar de las amenazas de Cauchon. Sólo dos insistieron en el tormento: Loyseleur y Thomas de Courcelles, el maestro en elocuencia a quien Juana rogó que leyera su libro y no confiara en su memoria.
Con los años he aprendido a cuidar el lenguaje, pero lo olvido cuando pienso en tres personas: Cauchon, Courcelles, Loyseleur.