Juana de Arco
Juana de Arco Santiago, uno de los hermanos de Juana, murió en Domrémy durante el proceso de Rouen, cumpliendo así la profecía que Juana hiciera en los prados próximos a nuestro pueblo, adelantando que él no asistiría a ninguna de las grandes guerras de Francia. Cuando su pobre padre se enteró del martirio de su hija, no pudo resistir, y murió de pena. A la madre, la ciudad de Orleáns le concedió una pensión que le permitió vivir tranquilamente el resto de sus días.
Veinticuatro años después de la muerte de Juana, durante el invierno, su madre acudió a París para asistir en la catedral de Notre-Dame a las primeras deliberaciones previas al proceso de rehabilitación de la Doncella. La ciudad se encontraba atestada de gente, venida de todas partes de Francia, para conocer a la anciana señora madre de la heroína. Fue conmovedor el espectáculo de verla caminar rodeada del fervor popular hacia la catedral, donde se le otorgó brillante homenaje. A su lado marchaban los hermanos, Juan y Pedro, que ya no parecían aquellos jóvenes de espíritu alegre de los tiempos de Vaucouleurs, sino que eran hombres maduros, de pelo canoso y aire gastado.
