Las aventuras de Huckleberry Finn

Las aventuras de Huckleberry Finn

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XIV

ERA SABIO SALOMÓN

Cuando nos levantamos, pasamos revista a las cosas que la cuadrilla había robado del naufragio y encontramos botas, mantas, ropa y un montón de otras cosas, y una barbaridad de libros, un catalejo y tres cajas de cigarros puros. En nuestra vida habíamos sido tan ricos ninguno de los dos.

Pasamos toda la tarde en el bosque, hablando, y yo leyendo los libros, y disfrutando de un buen rato en general. Le conté a Jim todo lo que había pasado a bordo del vapor naufragado, y en el vapor que hacía el servicio de pasajeros. Y le dije que a esa clase de cosas se las llama aventuras, pero él dijo que no quería más aventuras.

Dijo que, cuando yo me metí por el camarote y él se hizo atrás para volver a la balsa y encontró que había desaparecido, por poco se muere del susto; porque se vio completamente perdido, tanto si se arreglaba la cosa como si no tenía remedio. Porque si no le salvaban, se ahogaría, y, si le salvaban, el que le salvara le mandaría otra vez al pueblo para obtener la recompensa y entonces era seguro que la señorita Watson le vendería a alguien del Sur. Pues tenía razón. Casi siempre tenía razón. Era sumamente sensato, para ser negro.


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