Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn CÓMO FRACASA UN LINCHAMIENTO
Subieron la calle como un enjambre en dirección a la casa de Sherburn, dando alaridos, aullando y rugiendo igual que pieles rojas, y todos debían apartarse del paso o ser atropellados y hechos picadillo a pisotones, y era terrible de ver. Los niños corrían delante de la turba, gritando e intentando quitarse del paso.
Y a lo largo de la calle, todas las ventanas estaban llenas de mujeres que se asomaban, y en todos los árboles había negritos, y jóvenes y chicas asomados a todas las vallas. Y a medida que la turba se acercaba a ellos, se dispersaban y alejaban, fuera de su alcance. Había muchas mujeres y chicas que lloraban y gemían medio muertas de miedo.
Se pararon ante la valla de Sherburn tan apretados como humanamente pudieron, y hacían tanto ruido que uno no oía ni su propio pensamiento. Era un patio pequeño, de unos veinte pies. Alguien gritó:
—¡Derribad la valla! ¡Derribad la valla!
Después se oyó ruido de golpes y de madera astillada y la valla se fue abajo y la delantera de la muralla humana avanzó como una ola.
En aquel momento apareció Sherburn en el tejado del pequeño porche de su casa, con una escopeta de dos cañones en la mano, y se plantó allí completamente sereno y decidido, sin decir una palabra. Se acabó el ruido y la ola humana se hizo atrás.
