Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn GRANDEZA Y SERVIDUMBRE DE LOS REYES
Bueno, pues el duque y el rey se pasaron todo el día trabajando como negros para levantar un escenario, poner un telón e instalar una hilera de velas que hicieran las veces de candilejas. Y aquella noche el local se llenó de hombres en un momento.
Cuando estuvo bien lleno, el duque dejó la puerta y entró por la parte de atrás. Salió al escenario, se plantó delante del telón y les espetó un discursillo, alabando la tragedia, y dijo que era la más emocionante que se había conocido jamás. Siguió dando bombo a la tragedia y a Edmund Kean el Viejo, que había de desempeñar el papel principal.
Y por fin, cuando hubo conseguido interesar lo bastante al público, alzó el telón.
Poco después salió el rey a escena, dando saltitos, a gatas y desnudo. Estaba pintado de pies a cabeza con círculos, rayas y franjas de todos los colores, tan resplandeciente como un arco iris. Y… bueno. Dejemos el resto del disfraz; era una locura, pero tenía muchísima sal.
