Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn LÁGRIMAS Y LAMENTOS
En dos minutos corrió la noticia por toda la ciudad y de todas partes se veía acudir a la gente aprisa y corriendo, poniéndose algunos la chaqueta por el camino. Al poco rato éramos el centro de una muchedumbre y todas las pisadas hacían un ruido como el de un paso militar. Las ventanas y los patios delanteros estaban llenos, y, a cada paso, alguien decía, por encima de una valla:
—¿Son ellos?
Y cualquiera de los que iba con el grupo, respondía diciendo:
—Pues claro que sí.
Cuando llegamos a la casa, la calle estaba llena a rebosar delante de ella, y las tres muchachas se hallaban en la puerta. Mary Jane, sí que era pelirroja, pero no importaba; era más que bonita y su cara y sus ojos estaban iluminados como la Gloria, de tan contenta como se sentía por la llegada de sus tíos.
El rey abrió los brazos y Mary Jane se echó en ellos y Joanna, la del labio partido, dio un brinco hacia el duque y ¡la que se armó! Casi todo el mundo, las mujeres cuando menos, se echó a llorar de alegría al verles finalmente reunidos y con tanto alborozo.
