Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn QUIEN MUCHO ABARCA, POCO APRIETA
Al cabo de poco fue hora de levantarse, de modo que bajé la escalera y me encaminé a la planta baja. Pero, al llegar al cuarto de las muchachas, vi a Mary Jane sentada junto a su baúl, que estaba abierto y en el que habÃa estado poniendo cosas, preparándose para su viaje a Inglaterra.
Sin embargo, habÃa interrumpido su trabajo y estaba con un vestido doblado sobre su falda, y con la cara hundida entre las manos, llorando. Me puse malo al verlo, como le hubiera ocurrido a cualquiera, claro está. Entré y dije:
—Señorita Mary Jane, usted no puede soportar que sufra nadie, y yo tampoco puedo… las más de las veces. Cuénteme.
De modo que lo hizo. Y era por los negros (ya me lo habÃa figurado). Dijo que el maravilloso viaje a Inglaterra casi se le habÃa estropeado. No sabÃa cómo podÃa ser feliz allà sabiendo que la madre y los hijos no volverÃan a verse… Y entonces rompió a llorar más amargamente que nunca, y alzó las manos y dijo:
—¡Qué horror! ¡Pensar que no volverán a verse jamás!
—Sà que se verán… y aún no pasarán dos semanas… y yo lo sé —contesté yo.
