Las aventuras de Huckleberry Finn

Las aventuras de Huckleberry Finn

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XXVIII

QUIEN MUCHO ABARCA, POCO APRIETA

Al cabo de poco fue hora de levantarse, de modo que bajé la escalera y me encaminé a la planta baja. Pero, al llegar al cuarto de las muchachas, vi a Mary Jane sentada junto a su baúl, que estaba abierto y en el que había estado poniendo cosas, preparándose para su viaje a Inglaterra.

Sin embargo, había interrumpido su trabajo y estaba con un vestido doblado sobre su falda, y con la cara hundida entre las manos, llorando. Me puse malo al verlo, como le hubiera ocurrido a cualquiera, claro está. Entré y dije:

—Señorita Mary Jane, usted no puede soportar que sufra nadie, y yo tampoco puedo… las más de las veces. Cuénteme.

De modo que lo hizo. Y era por los negros (ya me lo había figurado). Dijo que el maravilloso viaje a Inglaterra casi se le había estropeado. No sabía cómo podía ser feliz allí sabiendo que la madre y los hijos no volverían a verse… Y entonces rompió a llorar más amargamente que nunca, y alzó las manos y dijo:

—¡Qué horror! ¡Pensar que no volverán a verse jamás!

—Sí que se verán… y aún no pasarán dos semanas… y yo lo sé —contesté yo.


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