Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn Podréis decir lo que queráis, pero, en mi opinión, era la muchacha de más arrestos que yo haya conocido. Estoy convencido de que era muy entera. Esto suena a lisonja, pero no es lisonja. Y por lo que se refiere a belleza y a bondad, también dejaba tamañitas a todas las demás. No la he vuelto a ver desde aquel momento en que la vi salir por la puerta; no, no la he visto desde entonces, pero habré pensado en ella millones de veces y recordado su promesa de rezar por mÃ. Y si yo hubiera creÃdo que el rezar yo por ella hubiese servido de algo, maldito si no lo hubiera hecho o reventado en el intento.
Bueno, pues Mary salió seguramente por la puerta falsa, porque nadie la vio marchar. Cuando me encontré con Susan y Labio Partido, dije:
—¿Cómo se llama esa gente del otro lado del rÃo a la que ustedes van a ver alguna vez?
Contestaron:
—Hay varias personas, pero principalmente vamos a ver a los Proctor.
—Ese es el nombre —dije—, por poco se me olvida. Bueno, pues la señorita Mary Jane me encargó que les dijera a ustedes que se ha marchado allà aprisa y corriendo… Uno de ellos está enfermo.
—¿Cuál?
—No sé… Mejor dicho, se me ha olvidado; pero me parece que es…